Territorios Acuerdo de Paz en Colombia

Las tres cuartas partes del territorio nacional – 75 % de los 1.102 municipios – se caracterizan por poseer una espacialidad y condición de vida vinculada a la cultura y actividad propiamente rurales (Informe Nacional de Desarrollo Humano PNUD, 2011). Son cerca de 15 millones de personas – 31% del total – que ocupan el 94.4 % del país. La oportunidad y la necesidad de construir colectivamente una urbano-ruralidad con justicia espacial es una de las grandes tareas para los próximos 10 años.

Desde UN Hábitat - Naciones Unidas se viene insistiendo en la gran oportunidad que se presenta en este siglo para construir una rur-urbanidad que represente una contundente mejora en las condiciones de vida para millones de personas que hoy habitan zonas rurales y que se encuentran sumidas en la total pobreza y falta de posibilidades para lograr sus mínimos vitales. Se trata de crear una vinculación en sinergia entre las ciudades intermedias, entre 100.000 y 250.000 habitantes, y sus entornos rurales volcando el sentido de estos núcleos hacia el servicio de los grandes territorios rurales que los rodean.

En Colombia cerca del 75% de las cabeceras municipales tienen menos de 50.000 habitantes, carecen de servicios de todo tipo y sus administraciones solo atinan a buscar un desarrollo sobre el modelo de rentabilidad y consumo de los centros mayores, sin lograr avanzar hacia la solución de las situaciones de injusticia espacial en la que se encuentran gran parte de sus habitantes.

Comprender la oportunidad que el país tiene a raíz del proceso de construcción de la paz que puede constituirse en un paso efectivo hacia la constitución de la sociedad equitativa y de derechos que enuncian todos los gobernantes, pero que en la práctica cada vez se encuentra más lejana. La posibilidad, después de seis décadas de abandono de la ruralidad, de emprender un trabajo integral ciudad-campo se encuentra al alcance de la sociedad colombiana si se disponen los recursos humanos y económicos necesarios y se organiza una institucionalidad acorde al reto que eso implica.

Los potenciales son enormes, comenzando desde el avance hacia la seguridad alimentaria por medio de la consolidación de mercados internos activos en regiones y subregiones, estableciendo redes y vínculos que busquen la sinergia y la complementariedad entre las diversas comunidades, con la academia, la empresa, y la institucionalidad, entre otros, en la búsqueda de una sustentabilidad integral que articule los esfuerzos que se deben realizar tanto de “abajo-arriba”, actores locales y administración pública, como de “arriba-abajo”, encontrando y construyendo los espacios, ámbitos y roles de los múltiples comunidades, colectivos y grupos que se verán vinculados en este proceso.

Lo anterior implica una revisión de la Ley 388 que maneja la dualidad urbano-rural como dos entidades separadas generando grandes dificultades a los intentos de ordenamiento territorial integral, y brindar herramientas efectivas a la Ley Orgánica de Ordenamiento territorial traducidas en recursos efectivos con la posibilidad de desarrollos jurídico-normativos y administrativo-financieros de acuerdo con la diversidad y singularidad de nuestros territorios.

Un desarrollo volcado sobre la extracción minería y la construcción de infraestructuras cuya lógica se encuentra solamente vinculada a las necesidades de articulación a los mercados globales, tiene muy pocas oportunidades de aunar los esfuerzos que se hagan por lograr un país consolidado en sus enlaces locales y regionales mediante los cuales se logre esa complementariedad efectiva y multi-escalar entre los ámbitos rurales de escala local, la red de asentamientos pequeños que serían los prestadores de servicios primarios, la red de ciudades intermedias, las áreas metropolitanas y el planeta global.

Ya existe una estructura urbano-regional básica y una clara identificación de la posible constitución regional y subregional del territorio colombiano, tenemos áreas metropolitanas en proceso de consolidación, corredores urbano-regionales con alto potencial en el caribe, en la zona centro y en el centro oriente del país, extensas áreas ricas en bio-diversidad y posibles servicios eco-sistémicos, fuente cierta para ser protagonistas en la sociedad del conocimiento y de servicios culturales de nivel global.

Todos estamos llamados a ser partícipes del proceso de construcción de paz, de reconstrucción de los lazos sociales, y de la territorialidad que se estructurará vinculada a esta. La única condición es preguntarse, ¿y yo que puedo hacer?, y trabajar en la construcción de esa senda, porque sin duda alguna todos tenemos algo por hacer.

Hacia una reconformación territorial respetuosa de la diversidad y cultura de las diversas zonas del país, regiones, subregiones y líneas de articulación nacional e internacional.

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